Viernes, 07 Agosto 2015 15:57

Recolectores de basura: rostros de mujer, cuerpo de familia

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Liberar la ciudad de basura botella a botella y cartón a cartón es el oficio de 10.000 personas en Santa Cruz de la Sierra. Lo que en ella se desecha es para estas personas una fuente de ingresos. Recolectan los residuos inorgánicos para acopiarlos, clasificarlos y venderlos a la industria del reciclaje. Un estudio sobre esta misión, esencial en el mundo de hoy, indica que es“difícil pensar en la gestión eficiente de residuos sólidos sin la participación activa de las empresas públicas y privadas, y de la ciudadanía”.

Fabiola Gutiérrez / Santa Cruz

Ha caído el sol y se ha despertado el alumbrado público en el mercado Abasto. El tráfico ha disminuido y la cantidad de basura de los cinco contenedores que hay en el cruce de las avenidas Piraí y Roque Aguilera (Tercer Anillo interno) es mucho mayor que la de la mañana. Están los cinco juntos y rebosantes. Abruma el olor a verduras y hortalizas en estado de descomposición. Sobre uno de los montones de desechos se distingue un gran zapallo, acelgas y lechugas salpicadas por chala de choclo, plásticos y plastoformo. 

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Lo que queda al final del día en el mercado Abasto. Foto: Fabiola Gutiérrez.

El conjunto es un basural evitado por todos los que pasan por el lugar. O casi todos. Con la basura a media canilla, sin guantes y justo en el meollo, hay una mujer escarbando. Toma una bolsa negra, la abre, tira un pedazo de plastoformo a la derecha; encuentra otra bolsa dentro del contenedor, pero tiene restos de comida así que la desecha a la izquierda. Sigue separando desechos a diestra y siniestra, bolsa a bolsa.

Alguien se acerca con una carretilla de algo más de un metro cuadrado de base plana, dos ruedas y un soporte para dejarla parqueada. En ella transportará lo que recupere. Una vez que llegue a su punto de acopio, clasificará los residuos para luego venderlos.

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Acopio de cartones en La Ramada. Fotografía: Fabiola Gutiérrez.

No muy lejos, en el mercado La Ramada, hay una pila de cartones amarrados en el camellón. Son cajas desarmadas sobre las que hay otras, vacías también y todavía con forma de caja. Cerca, alguien está cargando otra de esas pilas en una de las carretillas.

Tanto el mercado Abasto como el de La Ramada son focos urbanos de problemática basura en Santa Cruz. Las personas que buscan materiales reciclables entre lo que los vendedores desechan son los recolectores, los que ayudan a mitigar esa problemática.

Recolectoras en Esperanza

Cristina Romero lleva nueve años como recolectora de residuos sólidos urbanos. Antes trabajaba limpiando casas y su primera referencia sobre la recolección y el reciclaje se la dio su cuñado. Aprendió el oficio en la Fundación Programa de Alivio a la Pobreza (PAP). Ahora es miembro de la Asociación Esperanza, cuyo punto de acopio se encuentra en la avenida Bush, entre el Segundo y el Tercer Anillo. Ella es una de las diez personas que conforman la organización en la que cuatro de sus componentes son familiares políticos.

Recorren la zona oeste de la ciudad desde la avenida Cristo Rendentor (más conocida como Bánzer) hasta la Doble Vía a La Guardia. Esto implica buscar en mercados o lugares en los que saben que funcionan grandes empresas, y también recorrer barrios residenciales para recolectar los residuos sólidos de las calles y rebuscar en los basureros de domicilios. Sólo cuatro familias del barrio La Madre les dejan clasificados sus desechos: por ejemplo, las botellas plásticas las ponen en bolsas separadas, cuenta Cristina, quien carga el material en su carro que ella misma impulsa pedaleando, pues se trata de una adaptación de bicicleta. Cuando lo llena,va a vaciar el contenido en su punto de acopio. Al preguntarle por su edad, guarda silencio, mira a otro lado y sonríe luciendo muy joven de pronto.

Cristina y Silvia Gutiérrez, otra integrante de Esperanza, acaban de empaquetar botellas que venden a la empresa Empacar. El pago por lo recolectado es la principal fuente de ingreso de ambas. Se dedican a ello todo el día, todos los días, y cada dos semanas venden los materiales clasificados: galones, botellas, metales y papel. Lamentan que este año les paguen menos que antes por la misma cantidad de materiales –sólo el papel ha mantenido su valor–. 

Son madres; Cristina, de siete hijos, y Silvia, de tres, y de paso ella se acaba de estrenar como abuela. La primera se hace cargo de sus cuatro hijos más jóvenes y es el sostén de su hogar; su compañera de trabajo mantiene su casa junto con su esposo, quien también es recolector. Las dos recorren las calles cruceñas de día, y Silvia se turna con su marido la recolección y el cuidado del hogar. Ella a veces trabaja durante la noche en La Ramada. Ambas viven a más de una hora en transporte público del centro cruceño: Cristina es vecina del Palmar del Oratorio y Silvia, de La Campana, por la zona del Plan 3000. 

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Clasificación de residuos sólidos urbanos en puntos de acopio. Imagen del documental Recolectoras en Bolivia.                                                   Fotografía: Cortesía de Fundación PAP, Cedure y Avina.

“Sería bueno que nos reconozcan, que sepan que existimos”, dice Silvia tras recordar, además de la tristeza, el esfuerzo económico que tuvo que hacer para encontrar nicho y ataúd para su hermano, quien murió recientemente. Tanto ella como Cristina opinan que reconocerlas implicaría que ganaran beneficios laborales relativos a la salud.

Silvia confiesa que ha planteado abandonar el oficio, especialmente luego de la caída de los precios de la mayoría de los materiales, pues eso ha complicado que pueda cubrir la cuota que pagan como miembros de la asociación para alquilar los espacios de acopio. Elegiría un trabajo con contrato que le diera seguro de salud, aunque ello implicara tener horarios establecidos, mientras que Cristina afirma que está bien con lo que hace.

Los recolectores en las estadísticas

Un 87% de los residuos nacionales se generan en las ciudades y Santa Cruz es la que más produce: el 31% del total nacional, es decir, 1.344 toneladas diarias que van a parar al vertedero de Normandía, cuyo manejo y estado es motivo de frecuentes protestas de los vecinos

A diferencia de lo que sucede en el resto del país, donde el acopio de objetos reutilizables se hace dentro de los botaderos, los recolectores de Santa Cruz no trabajan directamente en los rellenos sanitarios, sino que recorren calles y centros de abasto. En este oficio el 72% de las manos son de mujeres jefas de hogar, que en su mayoría ha asistido a algún curso de primaria. Sólo en la ciudad de los anillos hay aproximadamente 10.000 recolectores: unos son permanentes, otros trabajan a medio tiempo y hay ocasionales. Entre 2.500 y 3.000 tienen la recolección como su principal fuente de ingresos y 200 de ellos son miembros de las asociaciones vinculadas a siete centros de acopio, lo que les permite conseguir mejores precios de venta al evitar a los intermediarios. A diferencia de los independientes, los que forman parte de asociaciones tienen horarios de trabajo y rutas establecidas. Estos son datos del estudio Gestión de residuos sólidos urbanos con inclusión de recolectores en Bolivia, realizado por Omar Andrade, Isabella Prado y Cecilia Moreno con el respaldo institucional de Avina, Fundación PAP, Santa Cruz Cómo Vamos, Coboresco y el Centro de Estudios para el Desarrollo Urbano Regional (CEDURE).

Esperanza era una de las asociaciones que formaba parte de la red nacional de recolectores, vinculada también a la red latinoamericana de personas que tienen este oficio. Esto permitió que algunos trabajadores salgan de las fronteras nacionales para encontrarse con sus colegas de la región e intercambiar experiencias.

Así era Esperanza hasta 2014, el séptimo y último año de trabajo coordinado desde la Fundación PAP. Ésta ha quedado congelada en funciones y fondos, al igual que otras organizaciones, por la retirada de la cooperación holandesa . A raíz de eso las asociaciones se habrían desmembrado y ahora funcionan como clanes familiares, indica Andrade.

Éste es un documental de la investigación mencionada que muestra a una recolectora en su día a día:

Los recolectores y su vinculación con el sector público

La vinculación de los recolectores con instancias municipales se dio a través de instituciones. En ninguna ciudad la vinculación fue directa, según el estudio de Andrade, Prado y Moreno. “Si bien existe una legislación nacional sobre la gestión integral de residuos sólidos, aún está en tratamiento una ley específica para apoyar el trabajo y el reconocimiento de los recolectores, la Ley del Reciclador, que fue aprobada ya en la Cámara de Diputados y está ahora en una comisión de la Cámara de Senadores”, indica el estudio. Andrade, desde su oficina personal, señala que la normativa está detenida por la ausencia de gestiones desde la paralización de la Fundación PAP. Sin embargo, se ha aprobado “normativas locales que permiten el reconocimiento, la visibilización y la mejora de condiciones de trabajo de los recolectores, como la Ordenanza Basura Cero en Santa Cruz”. Éstas validan su actividad en el espacio público, pues antes la basura era propiedad del municipio.

Pese a los años de trabajo con recolectores, el estudio establece que éstos tienen una débil capacidad de autogestión, por lo que necesitan apoyo institucional para fortalecerse. También muestra que tratarse de un grupo que carece de objetivos, organización y expectativas de trabajo homogéneas, es difícil pensar en una única manera de darle apoyo. Por ejemplo, en el caso cruceño, fue un paso importante que el operador privado de recolección de basura les ofreciera contratos. Algunos aceptaron pero otros no pueden compatibilizar horarios y responsabilidades familiares. Por ejemplo, un horario y condiciones de oficina no es lo ideal para las recolectoras que hacen los recorridos con sus niños, explica Prado. Ésta fue también otra de las causas de la desmembración de algunas asociaciones.

Una de las conclusiones del estudio es que resulta “difícil pensar en la gestión eficiente de residuos sólidos sin la participación activa de las empresas públicas y privadas, y de la ciudadanía.” De hecho, “se trata de articular un movimiento ciudadano que apunte a mejorar la gestión de los residuos creando una cultura ciudadana para mantener la ciudad limpia y saludable.” Hasta entonces, los recolectores reman con la corriente a veces a favor, a veces en contra, entre las olas de plástico, metales y cartones que viborean en la ciudad anillada.

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Recorrido por domicilios. Imagen del documental Recolectoras en Bolivia. Fotografía: Cortesía de Fundación PAP, Cedure y Avina.

Percepción ciudadana sobre los recolectores

El 36% de la población de la capital cruceña cree que el trabajo de los recolectores contribuye a mejorar la salud del medio ambiente y que es una forma legítima de ganarse el sustento, según revela el mismo estudio de Andrade, Prado y Moreno. También menciona que las condiciones de trabajo de estas personas son desfavorables y que existe un perjuicio social que relaciona esta actividad con algún vicio.

El 67% de los ciudadanos cree que el municipio debería apoyar a los recolectores. La mayoría de los consultados valora positivamente el reciclaje, pero no actúa en consecuencia con la separación de sus residuos domiciliarios.

Ver también la serie de videos "Yo boto, tú botas" en el canal de Youtube de La Pública.

https://www.youtube.com/watch?v=FBU1nBUe6vw

https://www.youtube.com/watch?v=dv4rZ0E95dY

 

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